El deseo hace foco en una sola meta, el deseo mantiene a diestra y siniestra una lucha plena con la razón, para quedarse con una anhelada presea.
La razón consciente del no tan buen porvenir
pone en mesa sus argumentos y el deseo se opone por totalía y no puede resistir los suyos y no acepta la propuesta en pie por la razón.
Aparte de la razón y el deseo, aparecen dos conceptos totalmente opuestos como allegados,
el no querer y el no poder.
El no querer hacerlo, y el no poder resistir.
Estos cuatro estados del ánimo conviven bajo una misma persona, en una oposición masiva de
posturas que nunca llegan a ponerse de acuerdo, y convierten a la decisión, en un arma mortal,
la decisión tiene que tomar un poco de cada postura, decidir ágil y eficazmente ante cada
una de ellas o fallar en el intento, que es inevitable, tal como las tentaciones.
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